POR ALEJANDRO LUQUE

En el teatro romano de Baelo Claudia no cae el telón propiamente dicho, pero quienes han actuado allí aseguran que los aplausos tienen un eco único. En los oídos de las cuatro componentes de Las Niñas de Cádiz todavía resuenan los que recibieron el pasado fin de semana, cuando estrenaron su último montaje hasta la fecha, El viento es salvaje. «Estamos súper felices, es una propuesta muy personal y hemos logrado llenar las 400 localidades casi todos los días, con entradas agotadas los dos últimos», afirma su directora, Ana López. «Venimos con el ego por las nubes».

No es para menos. Ya el año pasado, con su peculiar versión de la Lysístrata de Aristófanes, estas cuatro mujeres pusieron a sus pies el propio teatro de Baelo Claudia y de Itálica. De hecho, fue esa buena acogida la que las animó a emprender esta nueva aventura. «Decidimos montar una tragedia, pero hecha por nosotras. Empezamos a hablar con el director José Troncoso, gran amigo nuestro, y arrancamos con una idea muy peregrina. De pronto, vimos que se asemejaba un poco a Fedra y Medea, y tiramos para adelante», añade.

Conociendo la guasa que caracteriza a la compañía, cabe esperar que la que proponen Las Niñas de Cádiz no sea una tragedia cualquiera. De hecho, el grupo se formó hace más de una década a partir de una chirigota callejera femenina de la que eran fundadoras. «Luego nos juntamos con el dramaturgo Antonio Álamo y formamos Chirigóticas. Cuando dejamos de trabajar con Antonio, pensamos en reformular el proyecto y lo bautizamos como Las Niñas de Cádiz», en homenaje, dicen, a las puellae gaditanae que eran famosas por su arte y belleza en todo el Imperio Romano.

La comedia tras la tragedia

Tocaba pasar a Eurípides, pues, por un buen baño de sal. En el proyecto actual, Ana López ejerce como actriz, autora y directora, en esta ocasión con la colaboración con Troncoso. «Para El viento es salvaje me rondaba todo el rato una idea: en Cádiz a la gente le pasan a menudo cosas muy duras, pero te lo cuentan de una manera que a veces tienes que volver la cara para que no te vean reírte. Es algo muy del Sur en general. Eso, pensar que detrás de cada historia terrible puede esconderse una comedia, y al contrario, fue lo que nos animó a meternos en esta obra».

Sobre todo, se basaron en confesiones que les hizo gente del carnaval y del flamenco local, porque «la inspiración viene siempre de la realidad. Una amiga nos contó, por ejemplo, un accidente que había tenido su padre, por suerte sin consecuencias, pero que parecía algo que sólo le pasa a un superhéroe en las películas, pura fantasía. Y así todo», prosigue.

Cartel de 'El viento es salvaje'
Cartel de ‘El viento es salvaje’

«Empezamos a recopilar anécdotas, cosas que le habían pasado a amigos cercanos, y empezamos a montar un argumento. Hasta que me fijé bien y pensé: esto es Fedra, por mi madre de mi alma», afirma la directora. Lo siguiente fue buscar el título, «una canción de Nina Simone, que también versionó David BowieWild is the wind, pero que a nosotras nos servía para hacer alusión al levante. La ciudad aparece como un Macondo sui generis, ya sabemos que la gente se comporta de una forma extraña cuando va a saltar el levante, ¡ya está aquí el circo!, dicen. Y será ese viento el que anuncie el destino de las heroínas. Los grandes temas de la tragedia están ahí, junto a elementos mágicos que los gaditanos incorporamos con una naturalidad sorprendente».

En cuanto a la escenografía, esta vez la apuesta será minimalista. «Lo teníamos clarinete. Cuando estrenamos Lisístrata, tuvimos un percance a cuenta de un temporal de levante que casi nos obliga a suspender, porque íbamos con unos paneles bastante aparatosos. Así que dijimos ‘sin escenografía’, porque teníamos dos días con todo el papel vendido. Al final, nos dimos cuenta de que el espacio mismo era tan mágico, tan potente, con el mar, las luces de Tánger, la luna que hacía esa noche, que no necesitábamos tanta parafernalia. Así que esta vez hemos ido a lo mínimo, lo que llevamos juega un papel importante, pero es muy simple, lo sacamos y lo metemos nosotras mismas en escena».

«Cualquier cosa que haga una mujer que no sea lo de siempre es ya un acto feminista»

Consciente de que las heroínas griegas han servido en los últimos tiempos como estandarte de reivindicaciones feministas, Ana López y sus compañeras (Teresa Quintero, Rocío Segovia y Alejandra López) rechazan que en este espectáculo haya algo de eso, al menos aposta. «Es algo controvertido. Con estas obras, como antes con Chirigóticas, no intentamos adoctrinar ni queremos plasmar una ideología. Sí es verdad que cualquier cosa que haga una mujer que no sea lo de siempre ya es un acto feminista, pero no somos reivindicativas», aseveran. «Escribir, dirigir, interpretar, es en sí mismo una actitud vital, no hace falta recalcar ningún contenido. A mí al menos me limita estar pensando todo el rato si esto es o no feminista. No quiero estar constantemente explicando que soy una mujer: eso va en el lote».  

En todo caso, Ana López ha tenido un año de infarto, entre los montajes de Las Niñas de Cádiz, el programa televisivo Póker de reinas que hicieron para Canal Sur, y sus faenas como actriz en la serie El secreto del Puente Viejo. «Podía no haber salido nada, pero al final ha salido todo. Ahora necesito quince días de vacaciones, al menos», implora. Pero tendrán que esperar un poco: hoy actúan con El viento es salvaje en Casas de Reina, y los próximos viernes y sábado, 16 y 17 de agosto, en Itálica. «Es una fecha complicada, agosto, Sevilla, puente de la Virgen… a ver cómo se da», cruza los dedos.

Lo seguro es que dentro de unos meses, estas actrices volverán a salir a las calles de su ciudad con la chirigota que llevan sacando nada menos que 22 años, con tipos como el de Las Jane, Las cajeras de Simago, Las malitas de los nervios, El Piojito, Las cleopatra, Las mulatas de la cabalgata, De feria en feria… «Es algo que nos nutre mucho, nos da muchas ideas para los espectáculos. Hay un ingenio y una creatividad de altísimo nivel, de gente que escribe e interpreta. Aunque ahora diga que no me apetece nada, llegará enero y volverá el gusanillo», vaticina López.